sábado, 8 de septiembre de 2012

Su vestido rojo

Cada día es más difícil.
Más difícil encontrar un motivo para seguir adelante, para levantarte.
Cada día las cosas tuercen un poco más a peor, mira que suena difícil.
No me gusta rendirme, pero admito haberlo hecho esta vez. Si, estoy rendida. Verdaderamente rendida.
Hoy me he levantado con la intención de seguir el consejo de una gran persona cercana a mi e intentar salir, por lo menos no quedarme en la cama.
Con un par de buenas amigas me he movido más hacía tus tierras.
Aunque nada de esto hubiese sucedido y hubiese decidido quedarme en la cama, hubiese pensado en ti la misma cantidad de horas, sin embargo al haberlo hecho, he tenido reencuentros que me han hecho reflexionar aun más.
Sabes? Esa persona tan especial para ti? Si es tu hermana. Que guapa iba, siempre me pareció preciosa. Recuerdo que fue lo primero que pensé al verla nada más entrar en tu casa. Me ha alegrado verla, he recordado todo lo que me reía con vosotros cuando discutíais en casa por las mayores chorradas.
Después he vuelto a ver a una gran persona para ti, la persona que hizo que llegases. Era tu madre, con la cara alegre que siempre llevaba, tan simpática como el día que la conocí. Con su corta melena y esos pendientes en los que siempre me fijaba.
Tras una larga tarde, he decido sentarme en el borde de una acera y mirar a mi alrededor cuando la he visto.
Era ella, tu nuevo todo. Tu nuevo proyecto como tu dices. Odio lo guapa que es, es una de las chicas más perfectas que conozco. Iba nuevamente perfecta con su corto vestido rojo por encima de las rodillas, le ceñía todo el cuerpo y llevaba un volante a la altura de la cintura. Su largo pelo casi hasta la cintura, liso hasta las puntas con un ligero ondulado al final. Su cara feliz con tan perfecta dentadura que tiene, aparenta haber llevado ortodoncia, pero no. Y sus pequitas debajo de los ojos y alrededor de la nariz. Andaba despampanante dando largos pasos y riendo con sus amigas.
Parecía despreocupada, tenía lo que quería.
Esta noche yo no la volveré a ver, pero tu si. Y todo lo anterior hará que reacciones con tu mejor sonrisa, de esas que antes eran para mi.
La cogerás de la cintura, la llevarás a donde a ti más te guste diciéndole que ni siquiera ese sitio llega a su altura, que es perfecta, y la besarás.
No tendrás nada más en mente y cuando la noche acabe destapando tu cama recordarás lo bonita que estaba ella con su vestido rojo, y es una pena que no recuerdes a quien te quiere más.

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