Hipocresía se le llama a la disonancia ente ideas y hechos.
Mayor hipocresía me parece a mi en palabras de calle, hacer creer a los demás lo que ni siquiera tu te crees. Pero bueno, el que los demás se lo crean te ayuda a creértelo un poco a ti.
Hipocresía es mostrar que lo que los demás piensen de ti te de igual pero vivir por y para ello. Pero claro, mostrar que te da igual, forma parte de esa forma de ser tuya la cual "te da igual que critiquen".
Haces que hablen de la cara que a ti te interesa dar, como si fuera algo aleatorio que ellos eligen, pero todo forma parte de tu plan.
Detrás de esa mierda se que escondes cagadas que quieres ocultar.
Ahora si quieres date por aludido, que si tu piensas que para listo tú, aquí llego, a que mientras los demás se lo creen yo te llame como lo que eres, hipócrita.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
sábado, 3 de mayo de 2014
Un veint.
Las noches en literales velas.
Velas a medio alumbrar, a medio apagar, el humo que desprenden cuando se terminan de acabar.
Algunas juran estar encendidas para siempre, calentarte cada noche, iluminarte cada mañana y acompañarte como lo hace el olor del tabaco en la ropa.
Son el tipo de cosas que tú siempre me decías y yo ni te dije ni te deje de decir. El tipo de vela con olor a "para siempre" que un día soplaste. El humo que prácticamente arrastro con él mi vida, me nublo la vista y ahora a penas me deja ver a dónde ir. El oxígeno consumido por la llama con la que me calentabas, el mismo que hoy me falta para respirar, irónico. Como quien abre la ventana y un soplo de aire la apaga, vuelan los restos y solo queda el cuenco. El cuenco donde todo ardía, se soñaba y se prometía. Como no, cuenco que aun queda en mi mesilla.
Hay días en los que hay otra alado, la suelo pretender encender. Pero que cojones, la tuya apagada arde más fuerte que que miles sin hacer.
Velas a medio alumbrar, a medio apagar, el humo que desprenden cuando se terminan de acabar.
Algunas juran estar encendidas para siempre, calentarte cada noche, iluminarte cada mañana y acompañarte como lo hace el olor del tabaco en la ropa.
Son el tipo de cosas que tú siempre me decías y yo ni te dije ni te deje de decir. El tipo de vela con olor a "para siempre" que un día soplaste. El humo que prácticamente arrastro con él mi vida, me nublo la vista y ahora a penas me deja ver a dónde ir. El oxígeno consumido por la llama con la que me calentabas, el mismo que hoy me falta para respirar, irónico. Como quien abre la ventana y un soplo de aire la apaga, vuelan los restos y solo queda el cuenco. El cuenco donde todo ardía, se soñaba y se prometía. Como no, cuenco que aun queda en mi mesilla.
Hay días en los que hay otra alado, la suelo pretender encender. Pero que cojones, la tuya apagada arde más fuerte que que miles sin hacer.
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